El síndrome de la ATM: ¿De qué se trata?
A lo largo de la vida, nos pueden asaltar algunas molestias esporádicas que, al no tener una causa clara y concisa, parecen salidas de la nada, pero no por ello son menos importantes o hay que desestimar una consulta médica. Una de las afecciones más frecuentes de este tipo es el conocido como el ‘síndrome de la ATM’.
Las siglas ATM pertenecen a la Articulación TemporoMandibular, la unión entre la mandíbula y el hueso temporal del cráneo que nos hace posible abrir y cerrar la boca y gracias a la cual podemos masticar, bostezar, hablar… Una función normal de esta articulación permite un movimiento fluido e indoloro, pero en ocasiones puede aparecer una mala función de la ATM que cause dificultades de movimiento, ruidos articulares y dolor. Este es el llamado síndrome o trastorno de la ATM, también conocido como Síndrome TemporoMandibular (STM) o Síndrome de Disfunción CraneoMandibular (DCM).
Aunque las disfunciones de esta articulación se conocen desde la época de la medicina hipocrática, las causas y síntomas son tan variados que no se reunieron como desórdenes funcionales de la ATM hasta el siglo XX, concretamente en el año 1934. Fue el otorrinolaringólogo James Costen el primero en reagrupar los síntomas, por lo que el síndrome de la ATM empezó a conocerse como síndrome de Costen. Este trastorno puede aparecer en forma de molestia pasajera, pero también puede persistir en el tiempo, provocando intensos dolores y, por supuesto, la necesidad de acudir al médico para obtener un diagnóstico y un tratamiento adecuado. Los síntomas que pueden indicar la existencia de un trastorno en esta articulación pueden dividirse en tres grupos:
- Dolor: Principalmente, aparece en la misma región de las articulaciones, en las sienes y el oído (incluso puede llegar a confundirse con un problema en el mismo). El paciente también puede presentar dolor en las cervicales y un dolor de cabeza que podría llegar a agravar problemas de migraña. Lo más frecuente es el dolor de mandíbula al masticar, bostezar o incluso hablar.
- Funcionales: Lo más habitual es tener dificultades para abrir y cerrar la boca, bloqueo de mandíbula y el llamado bruxismo (el apretar y rechinar de dientes, sobre todo durante la noche).
- Ruidos: Básicamente, chasquidos y crujidos provocados por la mandíbula al abrir y cerrar la boca, además de zumbidos que puede escuchar el paciente.
Si estos síntomas persisten y no desaparecen por sí solos, es necesario acudir a la consulta del médico, cuya especialización variará según los síntomas principales, ya que, al tratarse de un síndrome que afecta a diversas zonas, el diagnóstico puede ofrecerlo tanto un odontólogo como un médico de cabecera, un cirujano maxilofacial o un otorrinolaringólogo.
El tratamiento, por lo general, se lleva a cabo con la ayuda de algunos fármacos, sesiones de fisioterapia y corrección de hábitos. En los casos de bruxismo, se recomienda el uso de una férula de descarga nocturna. Si los síntomas no desaparecen después del tratamiento, puede ser necesaria la ortodoncia para corregir la mordida y, en casos muy puntuales, se puede recurrir a la cirugía. Hoy día se opta por realizar tratamientos mínimamente invasivos, comenzando, si está indicado, por lavados intraarticulares (artrocentesis) y exploración de la articulación mediante cámaras de reducido tamaño (artroscopia). A veces la infiltración de toxina botulínica en los puntos dolorosos puede resultar efectiva. Si el dolor persiste o es resultado de alteraciones estructurales de la articulación se puede recurrir a la cirugía endoscópica o abierta.
Para los casos muy severos se puede confeccionar una nueva articulación fabricada a la medida de cada paciente (prótesis a medida), con resultados esperanzadores. De todas maneras, en el síndrome de la ATM, como en tantos otros trastornos físicos, lo más importante es la prevención.
Las causas de este tipo de molestias suelen ser las relacionadas con el estrés y las malas posturas, así que es importante aprender técnicas de relajación y para destensar los músculos y adoptar posturas correctas, manteniendo la espalda recta y haciendo pequeños ejercicios de estiramiento si pasamos, por ejemplo, mucho rato delante del ordenador. También es muy importante mantener una buena higiene bucal y forzar lo menos posible la mandíbula, evitando masticar siempre por el mismo lado, los alimentos duros, o abusar de los chicles si ya han aparecido algunas molestias