¿El sexo oral puede producir cáncer?
En las últimas semanas, se ha hablado mucho sobre la posibilidad de que la práctica del sexo oral pueda llegar a derivar en cáncer de orofaringe. El motivo ha sido la polémica entrevista que el actor Michael Douglas concedió al diario ‘The Guardian’, en la que, hablando de su cáncer de garganta (del que afortunadamente se recuperó en 2011), comentó lo siguiente: “Sin querer entrar en detalles, en las pruebas este cáncer lo causa una cosa llamada VPH, que puede ser transmitido por el sexo oral”. A partir de la publicación de esta frase, se ha armado un auténtico revuelo mediático sobre un tema del que, en realidad, se ha investigado y hablado en los medios de comunicación desde hace años. Aunque la primera noticia fue que Michael Douglas había admitido haber contraído su cáncer tras la práctica del cunnilingus, días más tarde puntualizó que no había querido decir exactamente eso. Pero más allá de la polémica sobre lo que quiso o no decir el actor, vale la pena comentar algunos detalles importantes sobre la relación entre esta práctica sexual y la enfermedad.
Es cierto que en los últimos años han aumentado los casos de cáncer orofaríngeo (en la base de la lengua, la garganta, las amígdalas y el paladar blando), y que este aumento puede explicarse, en parte, por la relación de esta enfermedad con el virus de transmisión sexual VPH, o virus del papiloma humano. Así lo detalla un informe de la American Cancer Society: “La razón para el aumento en los cánceres asociados con VPH no está clara, aunque se cree que podría deberse a cambios en las prácticas sexuales en las últimas décadas, particularmente a un aumento en el sexo oral”. En efecto, esta práctica sexual puede derivar en un cáncer orofaríngeo. Sin embargo no es, ni mucho menos, lo más común. Para empezar, existen otros factores de riesgo para contraer este tipo de cáncer, como el alcohol o el tabaco.
Además, en lo que suele derivar el virus del papiloma humano es en otro tipo de problemas, por lo general benignos, como las verrugas genitales. En la mayoría de los casos no llega a evolucionar en un cáncer (aunque cuando esto sucede, puede ser también cáncer de cérvix, útero, ano y pene). Es más, la mayoría de infecciones por el virus del papiloma humano acaban desapareciendo solas, sin necesidad de ningún tipo de tratamiento. En resumen, el porcentaje de personas que desarrollan este tipo de tumor debido a una infección de VPH es realmente bajo.
Por otro lado, es importante saber que existe una vacuna para el VPH para prevenir el cáncer cervical y anal, aunque todavía no se ha podido demostrar que sirva también para prevenir el cáncer orofaríngeo. Mientras este dato no se confirme, lo mejor para evitar esta enfermedad es tener unos hábitos de vida saludables, no descuidar la higiene íntima y bucal, usar protección durante las relaciones sexuales y, en el caso de las mujeres, realizarse la prueba del VPH, con citologías periódicas. (Para los hombres no existe todavía una prueba general y fiable para detectar el virus). En el caso de que se descubra la infección, no puede hacerse más que esperar a que desaparezca (que como ya hemos comentado, ocurre en la mayoría de casos), y hacer un seguimiento que permita detectar rápidamente cualquier posible enfermedad relacionada. Si se desarrolla un cáncer orofaríngeo será necesaria la cirugía, seguida de sesiones de quimioterapia y radioterapia. La buena noticia es que hablamos de un tipo de cáncer que suele responder rápido al tratamiento, con mayor porcentaje de curaciones que los provocados por el alcohol y el tabaco.
En Estados Unidos, tan sólo el 1’3% de las muertes por cáncer de cada año son por cáncer de boca y garganta. Y, como hemos visto, el VPH no es, ni mucho menos, el único motivo que puede desencadenar esta enfermedad, con lo que este porcentaje sería todavía más reducido. Se han iniciado estudios sobre la conveniencia de la vacunación tanto a edades tempranas como más avanzadas en ambos sexos, sin que por el momento podamos establecer ningún criterio sobre su conveniencia. A la vista está el caso del propio Michael Douglas, que enfermó en agosto de 2010 y se recuperó en enero de 2011, sin haber vuelto a recaer desde entonces.