Diferencias entre rinoplastia de preservación y estructural
La rinoplastia se considera una intervención compleja dentro de la cirugía facial. En ella confluyen precisión anatómica, planificación estética y atención a la función respiratoria. La nariz ocupa una posición central en la cara y cualquier modificación de su forma influye en la percepción global de la armonía facial.
A lo largo del tiempo, la rinoplastia ha experimentado distintas modificaciones técnicas. Durante décadas, el enfoque predominante fue la rinoplastia estructural, una técnica basada en la resección y posterior reconstrucción de las estructuras nasales. Este enfoque se ha utilizado ampliamente y ha contribuido a definir principios de soporte y proyección, aunque también ha sido objeto de análisis en relación con sus posibles limitaciones, especialmente en la interacción a largo plazo entre injertos, tejidos y función respiratoria.
Hace aproximadamente una década surgió un planteamiento que modificó el abordaje quirúrgico clásico: la rinoplastia conservadora, rinoplastia de preservación o preservativa. Este enfoque plantea una manera diferente de abordar la anatomía nasal, basada en la preservación de la continuidad anatómica y de las estructuras originales siempre que sea posible. Propone intervenir de forma más selectiva, ajustando lo necesario y aprovechando la arquitectura nativa como base de la corrección.
En la actualidad conviven dos filosofías diferentes (rinoplastia estructural y rinoplastia conservadora) y elegir la más adecuada para cada paciente constituye una decisión clave. Aunque el paciente no necesita conocer todos los detalles técnicos, sí resulta útil que sepa qué tipo de enfoque se va a emplear y cómo se relaciona con el resultado funcional y estético que se desea alcanzar.
Ambas técnicas comparten el mismo objetivo general (mejorar la armonía facial y optimizar la función respiratoria), pero difieren en la forma de interactuar con la anatomía. Mientras la rinoplastia estructural modifica la arquitectura nasal mediante resección y reconstrucción, la rinoplastia conservadora trabaja sobre la estructura existente, preservando aquello que ya es funcional y estéticamente aceptable.
Índice del artículo
Cómo surgió la rinoplastia conservadora
Los cirujanos Rollin K. Daniel y Barış Çakır han contribuido a la consolidación, alrededor de 2015, de un enfoque quirúrgico que proponía preservar la arquitectura natural del dorso nasal y los ligamentos. Este planteamiento cuestionó la necesidad de la resección amplia que caracterizaba a la técnica estructural y abrió paso a procedimientos que mantienen la continuidad de las estructuras cuando la anatomía lo permite.
Este enfoque se apoya en técnicas como el push-down y el let-down, que permiten descender la giba dorsal manteniendo intacto el techo osteocartilaginoso. Con el aumento de la experiencia clínica, las técnicas conservadoras se han ido desarrollando y ajustando, con una expansión progresiva de sus indicaciones y su aplicación en diferentes tipos de nariz.
Filosofía quirúrgica comparada
Para entender las diferencias entre ambas técnicas es necesario considerar la filosofía que condiciona cada enfoque.
La rinoplastia estructural se concibe como una cirugía de reconstrucción: se resecan estructuras que se consideran excesivas y se reconstruye la forma nasal mediante injertos. Este método ofrece un control detallado de la forma, la proyección y el soporte, pero implica una manipulación más amplia del esqueleto nasal, lo que modifica la biomecánica original y puede requerir un periodo de recuperación más prolongado.
La rinoplastia conservadora parte de la idea de que muchas narices presentan una arquitectura anatómica que puede modificarse mediante ajustes selectivos, sin necesidad de desmontar o reconstruir por completo el esqueleto nasal. El cirujano actúa de forma precisa, modificando únicamente lo necesario y manteniendo en lo posible la continuidad entre hueso y cartílago (así como la relación entre el dorso y las paredes laterales).
En esencia:
- La rinoplastia estructural modifica la forma nasal.
- La rinoplastia conservadora ajusta la anatomía existente, priorizando la preservación de las estructuras cuando la anatomía lo permite.

Tratamiento del dorso nasal
El manejo del dorso nasal es una de las diferencias técnicas más relevantes entre ambos enfoques.
En la técnica estructural, la corrección de la giba se realiza mediante resección directa, abriendo el techo osteocartilaginoso. Esta maniobra obliga a reconstruir posteriormente dicho techo utilizando injertos estructurales como spreader grafts o injertos de contorno. Aunque permite un control preciso del perfil, interrumpe la continuidad natural del dorso y puede asociarse a irregularidades o cambios en la dinámica de la válvula nasal interna. Además, implica consumir parte del cartílago septal, un recurso importante para futuras cirugías si fuesen necesarias.
En la técnica conservadora, el dorso se desciende en bloque sin resecarlo, preservando el techo osteocartilaginoso y las uniones naturales entre hueso y cartílago:
- En el push-down, el dorso se libera mediante osteotomías y se desplaza hacia abajo como un bloque.
- En el let-down, se extraen pequeñas cuñas óseas laterales que permiten un descenso controlado.
Este procedimiento mantiene la morfología general del dorso y preserva la anatomía de la válvula nasal interna, lo que resulta relevante para la función respiratoria.

Preservación ligamentaria y manejo de tejidos
En la rinoplastia estructural clásica suele realizarse la separación de los cartílagos laterales superiores del tabique y la eliminación de ligamentos nasales con el fin de mejorar la exposición y facilitar la manipulación. Esto altera la envoltura cutánea y puede modificar la manera en que la piel se adapta al nuevo esqueleto nasal, así como la movilidad de la punta.
En contraste, la rinoplastia conservadora pone especial énfasis en preservar los ligamentos de soporte (Pitanguy, scroll, interdomal, intercrural) y en trabajar en planos profundos para minimizar el trauma sobre la cubierta cutánea. Mantener estos elementos anatómicos favorece una adaptación más homogénea de la piel al nuevo armazón nasal y contribuye a conservar la movilidad fisiológica de la punta. La preservación de los planos y ligamentos también puede reducir la probabilidad de fibrosis marcada, adherencias o irregularidades visibles en la superficie nasal.

Tratamiento de la punta nasal
La punta nasal es una de las zonas más delicadas de la rinoplastia, ya que de ella depende en gran medida la expresión y el equilibrio del tercio inferior de la nariz.
En el enfoque estructural, se recurre con frecuencia a la resección y reconfiguración de los cartílagos alares laterales, combinadas con injertos de soporte (como strut columelar o shield) para definir la forma y la proyección de la punta. Este abordaje permite un amplio control sobre la definición y el soporte, aunque puede modificar la elasticidad original de los cartílagos y la transición entre dorso y punta en función de la cantidad y rigidez de los injertos utilizados.
En la rinoplastia conservadora, el objetivo es reutilizar los cartílagos nativos y remodelarlos mediante suturas estratégicas que ajustan la curvatura y el ángulo de la punta sin alterar su biomecánica básica. Dentro de este enfoque destaca la técnica de la “Punta de Diamante”, descrita por Çakır, que se basa en resaltar las luces y sombras naturales de la punta mediante ajustes suturales, sin recurrir a injertos volumétricos.

Septoplastia y función respiratoria
La función respiratoria constituye uno de los pilares fundamentales de la cirugía nasal moderna. Muchos pacientes no solo buscan una mejora estética, sino también una corrección de obstrucciones respiratorias preexistentes o el mantenimiento de una buena función nasal tras la cirugía.
En la rinoplastia estructural, la apertura del techo osteocartilaginoso y la separación de los cartílagos laterales superiores del tabique pueden modificar la válvula nasal interna (una zona crítica en la dinámica del flujo aéreo). Para evitar su colapso se emplean injertos expansores que contribuyen a estabilizar dicha área, aunque añaden elementos adicionales al armazón nasal.
La rinoplastia conservadora mantiene la continuidad natural entre el tabique y los cartílagos laterales superiores, conservando la configuración anatómica de la válvula interna. La septoplastia asociada se realiza de forma selectiva y controlada, ajustando la altura del tabique al nuevo plano dorsal y corrigiendo desviaciones cuando es necesario, sin comprometer el soporte estructural global.
Indicaciones clínicas
Ambos enfoques tienen indicaciones específicas que se determinan en función de la anatomía del paciente, la magnitud de la deformidad y los objetivos funcionales y estéticos.
La rinoplastia estructural suele indicarse en:
- Deformidades nasales severas o complejas.
- Cirugías secundarias o revisiones, en las que la anatomía original se encuentra alterada.
- Narices postraumáticas con pérdida significativa de soporte óseo o cartilaginoso.
La rinoplastia conservadora se indica con mayor frecuencia en:
- Pacientes primarios con una arquitectura nasal equilibrada.
- Gibas moderadas o leves.
- Piel de grosor medio o fino.
- Casos en los que la función respiratoria está conservada y el objetivo principal es el refinamiento de forma.
Con el desarrollo y refinamiento de las técnicas de preservación, su campo de aplicación se ha recogido en un número creciente de publicaciones clínicas. Además, existe la posibilidad de realizar rinoplastias híbridas en las que el cirujano combina principios de preservación con técnicas estructurales, adaptándose a las necesidades anatómicas de cada paciente (por ejemplo, en algunas narices étnicas con soporte estructural reducido a nivel de la punta).
Este enfoque combinado permite ajustar el grado de preservación o reconstrucción según el caso, buscando un equilibrio entre soporte, forma y función. De este modo, es posible adaptar ambos enfoques a las necesidades anatómicas de cada paciente, especialmente en narices étnicas con soporte estructural reducido.
Resultados estéticos y funcionales
Los resultados de ambas técnicas pueden analizarse tanto en el corto como en el largo plazo.
La rinoplastia estructural, cuando se realiza con una planificación adecuada y en pacientes bien seleccionados, implica un ajuste tridimensional detallado de la forma nasal. No obstante, al requerir resecciones amplias y el uso de múltiples injertos, pueden aparecer complicaciones como irregularidades dorsales, retracción alar, rigidez de la punta o deformidad en “V invertida”, condicionadas por el comportamiento de los tejidos y del proceso cicatricial. También puede influir en la función respiratoria si la anatomía valvular no se reconstruye de forma estable.
La rinoplastia conservadora, al mantener la continuidad de las estructuras anatómicas y preservar ligamentos y techo osteocartilaginoso, reduce el grado de intervención sobre el esqueleto nasal. En las series descritas en la literatura, este tipo de abordaje se ha asociado a un menor trauma quirúrgico y a una evolución en la que la piel y los tejidos blandos se adaptan de manera progresiva a un armazón que conserva su organización básica. A largo plazo, se ha planteado que el mantenimiento de la estructura podría favorecer que la nariz mantenga su movilidad y una expresión coherente con la anatomía original.
Posibilidad de retoques y cirugías secundarias
La posibilidad de retoques o cirugías de revisión es un aspecto relevante a la hora de valorar cualquier técnica de rinoplastia, ya que la respuesta de los tejidos y la evolución cicatricial pueden hacer necesarios ajustes posteriores.
En la rinoplastia estructural, las revisiones suelen ser más complejas. La resección de estructuras originales, la presencia de injertos previos y la fibrosis condicionan la anatomía disponible. El cirujano se enfrenta a un esqueleto nasal ya modificado, con posibles alteraciones del soporte y cambios en la irrigación y en la calidad de los tejidos. Esto puede hacer que las intervenciones secundarias sean más largas y técnicamente exigentes.
En la rinoplastia conservadora, al mantenerse la arquitectura original del dorso y la continuidad ligamentaria, los retoques posteriores tienden a ser más localizados. En muchos casos pueden resolverse mediante limado superficial, pequeñas resecciones cartilaginosas o ajustes en las suturas de la punta, sin necesidad de modificar de nuevo toda la estructura nasal. La preservación de los planos anatómicos facilita una planificación más predecible de las cirugías secundarias cuando son necesarias.
En este contexto, la preservación no solo repercute en el resultado inicial, sino también en la forma en que pueden abordarse eventuales revisiones futuras.
Evidencia científica y proyección futura
La rinoplastia estructural cuenta con una extensa literatura científica acumulada durante más de cuatro décadas. Sus principios y técnicas se han descrito ampliamente en libros, artículos y cursos, constituyendo la base de la enseñanza clásica de la rinoplastia moderna. Ha permitido definir conceptos de soporte, rotación, proyección y reconstrucción que siguen siendo de referencia.
La rinoplastia conservadora, aunque más reciente, se ha descrito a través de publicaciones y series clínicas desde aproximadamente 2018. Autores como Daniel, Çakır, Saban o DeSisto han descrito los fundamentos técnicos de estas técnicas y su aplicación en diferentes contextos. Entre los aspectos que recogen estos trabajos se encuentran la estabilidad estructural, la preservación valvular y la evolución de los resultados en el tiempo.
Diversas publicaciones recientes señalan una tendencia hacia técnicas que priorizan la preservación de estructuras anatómicas y reducen la resección siempre que la anatomía lo permite, integrando la experiencia acumulada de la rinoplastia estructural con los aportes de la cirugía de preservación. De este modo, el cirujano puede seleccionar en cada caso el grado de resección o conservación que mejor se adapta a las características del paciente.
Cuadro comparativo entre ambas técnicas
| Aspecto | Rinoplastia Estructural | Rinoplastia Conservadora (Preservación) |
|---|---|---|
| Filosofía quirúrgica | Basada en la resección de estructuras y su posterior reconstrucción con injertos. | Centrada en preservar la anatomía nativa, modificando únicamente lo necesario. |
| Tratamiento del dorso | Resección directa de la giba. Apertura del techo osteocartilaginoso (open roof) y reconstrucción posterior. | Descenso del dorso en bloque mediante técnicas push-down o let-down, manteniendo el techo osteocartilaginoso cerrado. |
| Manipulación de tejidos | Disección amplia con separación de cartílagos, resección de ligamentos y uso frecuente de injertos. | Disección más limitada con preservación de ligamentos y de la envoltura cutánea, manteniendo la continuidad estructural. |
| Tratamiento de la punta nasal | Resección y reconfiguración de los cartílagos alares. Se emplean injertos como strut o shield para definir soporte y forma. | Reposicionamiento y moldeado de los cartílagos nativos mediante suturas. Incluye el concepto de “Punta de Diamante” para resaltar la anatomía existente sin añadir injertos volumétricos. |
| Uso de injertos | Frecuente, debido a la necesidad de reconstruir el dorso y aportar soporte. | Más limitado, se reserva para situaciones funcionales o de soporte específicas. |
| Función respiratoria | La apertura del techo puede modificar la válvula nasal interna, lo que en ocasiones requiere injertos valvulares para estabilizarla. | Mantiene la continuidad entre el tabique y los cartílagos laterales superiores y preserva la anatomía de la válvula interna. |
| Traumatismo quirúrgico | Intervención más amplia sobre el esqueleto nasal debido a la resección y reconstrucción. | Intervención más limitada sobre el armazón nasal gracias a la preservación estructural. |
| Indicaciones principales | Casos complejos, deformidades severas, cirugías secundarias o narices postraumáticas con pérdida de soporte. | Casos primarios con buena arquitectura nasal, gibas leves o moderadas y función respiratoria conservada. |
| Riesgos y complicaciones típicas | Irregularidades dorsales, retracción alar, rigidez de la punta o deformidad en “V invertida”, en función de la cicatrización y del comportamiento de los injertos. | Supone una alteración diferente del esqueleto nasal, al basarse en la preservación de estructuras anatómicas, y en algunas series se ha descrito un perfil de complicaciones distinto al de las técnicas de resección amplia. |
| Resultados estéticos | Permite un control amplio de la forma nasal mediante injertos y reconstrucción. La evolución depende del comportamiento de los injertos y del proceso cicatricial. | Mantiene la continuidad anatómica del dorso y la punta, con una evolución acorde a la estructura original del paciente y una integración progresiva de los tejidos a lo largo del tiempo. |
| Tiempo de recuperación | El edema puede prolongarse durante varias semanas debido al grado de manipulación tisular. | El proceso de recuperación suele ser coherente con una menor alteración estructural, con una evolución que puede ser más rápida en algunos casos. |
| Evidencia científica | Técnica con décadas de publicaciones, ampliamente utilizada en rinoplastia clásica. | Técnica más reciente, con evidencia creciente que documenta su aplicación y resultados en diferentes series clínicas (Daniel, Çakır, Saban, DeSisto, 2018–2024). |
| Tendencia actual | Enfoque reconstructivo tradicional dentro de la rinoplastia moderna. | Enfoque preservador dentro de la rinoplastia contemporánea. |
Conclusión
La evolución de la rinoplastia muestra el tránsito desde una cirugía basada principalmente en la resección y reconstrucción hacia enfoques que incorporan la preservación anatómica siempre que la situación lo permite. La rinoplastia estructural ha formado parte del desarrollo de los principios de soporte y proyección utilizados en la práctica contemporánea, mientras que la rinoplastia conservadora ha introducido otra forma de abordar el dorso y la punta, manteniendo la continuidad de las estructuras cuando la anatomía es favorable.
La elección entre una técnica u otra no debería plantearse como una oposición, sino como la posibilidad de seleccionar el recurso más adecuado para cada caso. La rinoplastia estructural continúa siendo imprescindible en muchas indicaciones (especialmente en deformidades complejas, cirugías de revisión y narices postraumáticas) y las técnicas de preservación se utilizan como alternativa en casos primarios con buena arquitectura de base.
El cirujano que domina ambos enfoques (estructural y conservador) dispone de un abanico más amplio de herramientas para adaptar la intervención a la anatomía y a las necesidades funcionales y estéticas de cada paciente, con el objetivo de lograr resultados estables y coherentes con la estructura nasal de partida.
Referencias bibliográficas
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